Las doctrinas que evangélicos y católicos hacen sobre textos de la Biblia, no obligan a Dios dar el 'visto bueno' ni a la Biblia ser modificada o forzada a decir lo que no dice.
Siempre será bueno no ser radical, en el sentido de extremista, absolutista, ortodoxo e inflexible demás, pues, todos estamos en proceso de cambios, y todos necesitamos cambiar y ciertamente todo verdadero cristiano camina sin parar hacia la madurez. Por tanto, ninguna intolerancia es buena, porque tampoco son justas y genuinamente verdaderas.
Tú puedes aseverar por algunos versículos del Nuevo Testamento -tal vez apenas dos versículos- y muchos otros del Antiguo Testamento, que ungir con óleo es bíblico hacerlo hoy, y aunque yo no comparto esa enseñanza que probaría ser mal interpretada, aunque en la experiencia de muchos acontece hasta milagros al practicarlo, no tengo el derecho de perseguir al que lo hace, o intentar demostrar que él es falso y hasta un apóstata o no cristiano por crer diferentemente.
El espíritu de tolerancia, comprensión, armonía, paz y respeto debe haber en ambos lados, en cualquier asunto, en toda cuestión bíblica.
Yo creo que, realmente, a mayor consagración mayor poder de Dios, mayor unción, pero de ahí a limitar tal progreso a los apóstoles o a los profetas, huele a intereses particulares que buscan el favor predilecto de Dios aunque haya que forzar las Escrituras, o sea, los dichos de Dios.
A mí ya me aconteció varias vezes, que por mostrarme sencillo, humilde, opacado, reprimido, callado, "tardo para hablar", y con otros rasgos considerados por algunos como de temperamento melancólico, que tratar y cambiar, vinieron otros ministros más "sanguíneos-coléricos" faltandome el respeto, menospreciándome, y hasta intentando expulsar de mí algún demónios.
A vezes peco de inmodestia; o tal vez de ansiedad, o quizá de rabia por indignación de tanta impostación y presunción de muchos, que llego a exhibir mis 50 años de predicador del Evangelio de manera ininterrumpida y dentro de ellos, 40 de ministro ordenado, que pueden ser comprobados como genuinamente apostólicos.
Perdóname, Señor! No quiero ofender Tu santidad ni siquiera con el pensamiento! Guardame de contaminaciones! Librame de mí mismo, de mi corrupción!
A todo esto, aquí sólo estoy haciendo una introducción al tema IMPARTICIÓN DE DONES, DE UNCIÓN.
Ya el versículo 11 del capítulo 1 de Romanos más el de Lucas 22. 32 proferido por Jesus, dieron licencia a la Iglesia Católica para establecer la famosa ceremonia de CONFIRMACIÓN; claro, con un precio moderado, ciertamente...
Ahora entre nosotros, evangélicos, una porción de líderes fuerzan la singularidade de impartición de dones en sus manos, y la autoridad limitada a ellos, exclusivamente, para impartir mayor unción. Algo así como un "sacramento salvífico".
Yo sé la autoridad de Dios que hay en mí, por los años de fidelidad al Señor, la vida privada de integridad, la vida interior profunda con Dios, el amor y el respeto que siempre tuve para con Su Palabra escrita, y la sensibilidad que tuve a lo largo de varias décadas en saber discernir donde haya autoridad de Dios para sujetarme automatica y voluntariamente. Y también sé cuando el Espíritu me ordena impartir algo de Él para otros, pero no por ello haría de lo que es de fuero interior, una mercadería de oferta al mejor postor...
Si un siervo del Señor lo hace diferente, le respetaré, pero no le consideraré superior ni mayor a nadie tan sólo porque algún milagro aconteció por la liberación de lo que él cree y yo no creo.
En última instancia, él no podrá obligarnos a aceptar que el hombre tenga algo bueno singularmente, por algún mérito propio, sino que todo lo que tenemos, es por pura gracia de Dios.
Creo en la impartición de dones y la impartición de unción, así como creo que como cantamos "todo lo que tocare bendecido será" que a mayor consagración, mayor unción y mayor poder, mas no como recompensa o lucro, sino por la gracia de Dios. Y no creo, o mejor, no acepto la manipulación de lo que es de propiedad divina.
Siempre será bueno no ser radical, en el sentido de extremista, absolutista, ortodoxo e inflexible demás, pues, todos estamos en proceso de cambios, y todos necesitamos cambiar y ciertamente todo verdadero cristiano camina sin parar hacia la madurez. Por tanto, ninguna intolerancia es buena, porque tampoco son justas y genuinamente verdaderas.
Tú puedes aseverar por algunos versículos del Nuevo Testamento -tal vez apenas dos versículos- y muchos otros del Antiguo Testamento, que ungir con óleo es bíblico hacerlo hoy, y aunque yo no comparto esa enseñanza que probaría ser mal interpretada, aunque en la experiencia de muchos acontece hasta milagros al practicarlo, no tengo el derecho de perseguir al que lo hace, o intentar demostrar que él es falso y hasta un apóstata o no cristiano por crer diferentemente.
El espíritu de tolerancia, comprensión, armonía, paz y respeto debe haber en ambos lados, en cualquier asunto, en toda cuestión bíblica.
Yo creo que, realmente, a mayor consagración mayor poder de Dios, mayor unción, pero de ahí a limitar tal progreso a los apóstoles o a los profetas, huele a intereses particulares que buscan el favor predilecto de Dios aunque haya que forzar las Escrituras, o sea, los dichos de Dios.
A mí ya me aconteció varias vezes, que por mostrarme sencillo, humilde, opacado, reprimido, callado, "tardo para hablar", y con otros rasgos considerados por algunos como de temperamento melancólico, que tratar y cambiar, vinieron otros ministros más "sanguíneos-coléricos" faltandome el respeto, menospreciándome, y hasta intentando expulsar de mí algún demónios.
A vezes peco de inmodestia; o tal vez de ansiedad, o quizá de rabia por indignación de tanta impostación y presunción de muchos, que llego a exhibir mis 50 años de predicador del Evangelio de manera ininterrumpida y dentro de ellos, 40 de ministro ordenado, que pueden ser comprobados como genuinamente apostólicos.
Perdóname, Señor! No quiero ofender Tu santidad ni siquiera con el pensamiento! Guardame de contaminaciones! Librame de mí mismo, de mi corrupción!
A todo esto, aquí sólo estoy haciendo una introducción al tema IMPARTICIÓN DE DONES, DE UNCIÓN.
Ya el versículo 11 del capítulo 1 de Romanos más el de Lucas 22. 32 proferido por Jesus, dieron licencia a la Iglesia Católica para establecer la famosa ceremonia de CONFIRMACIÓN; claro, con un precio moderado, ciertamente...
Ahora entre nosotros, evangélicos, una porción de líderes fuerzan la singularidade de impartición de dones en sus manos, y la autoridad limitada a ellos, exclusivamente, para impartir mayor unción. Algo así como un "sacramento salvífico".
Yo sé la autoridad de Dios que hay en mí, por los años de fidelidad al Señor, la vida privada de integridad, la vida interior profunda con Dios, el amor y el respeto que siempre tuve para con Su Palabra escrita, y la sensibilidad que tuve a lo largo de varias décadas en saber discernir donde haya autoridad de Dios para sujetarme automatica y voluntariamente. Y también sé cuando el Espíritu me ordena impartir algo de Él para otros, pero no por ello haría de lo que es de fuero interior, una mercadería de oferta al mejor postor...
Si un siervo del Señor lo hace diferente, le respetaré, pero no le consideraré superior ni mayor a nadie tan sólo porque algún milagro aconteció por la liberación de lo que él cree y yo no creo.
En última instancia, él no podrá obligarnos a aceptar que el hombre tenga algo bueno singularmente, por algún mérito propio, sino que todo lo que tenemos, es por pura gracia de Dios.
Creo en la impartición de dones y la impartición de unción, así como creo que como cantamos "todo lo que tocare bendecido será" que a mayor consagración, mayor unción y mayor poder, mas no como recompensa o lucro, sino por la gracia de Dios. Y no creo, o mejor, no acepto la manipulación de lo que es de propiedad divina.
.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario